Mendicidad callejera

La semana pasada leí en un artículo de prensa lo difícil que es la reincorporación social de los niños que practican la mendicidad, sobre todos aquellos que trabajan el “combo” madre e hijo, dado que según este estudio tienen unos ingresos mensuales – que en muchos casos – llegan a los 1.500 € (en Madrid). Está claro que los servicios sociales se lo tienen que currar mucho para convencer que estudiando, currando y sudando se puede llegar dichas cantidades.

A parte de un tema tan serio – y triste – como es éste, y relacionado con éste, valga la siguiente imagen que tomé el viernes pasado en la misma Gran Vía de Madrid, en la puerta del Café y Te:

El escenario son dos individuos que están “mendigando” con 5 cestitas, con los siguientes letreros de izquierda a derecha: “Para Whisky”, “Para Sangría”, “Para Porros”, “Para Cerveza” y “Para Ferrari”. Lo impresionante de esta estampa surrealista, es que los cestos de Porros y Ferrari eran los que más éxito habían causado – por el número de aportaciones -. Además, para darle más peso, uno de ellos mostraba con una amplia sonrisa un cartel que decía “Sinceros”.

Así es este mundo…

1 Response to “Mendicidad callejera”


  1. 1 Algi Meneses

    La originalidad del ser humano, sale a flote en las situaciones más inesperadas…Mas si un mendigo caraqueño colocase cinco (5) cuencos para pedir, estos dirían: para ron, cigarros, heroína, hotel y comida….pero la sinceridad, más allá de causar asombro y risa, no es estrategia efectiva para un mendigo en mi Venezuela querida.

    En Caracas -la capital-, lo más común solían ser hombres tendidos en aceras con un pote vacío y un cartel cual lapida de quejas; así como bandas de niños en cruces y avenidas, haciendo uso de pequeños limones como objetos de malabarismo para captar la atención de los transeúntes (peatones y conductores). Sin embargo, lo insólito se hace presente cada día…ahora TODOS piden: el desempleado, el pensionado, el estudiante, el artista nacional (a quien no le pagan o le “queman” su esfuerzo), la madre soltera, la abuelita enferma, la madre del chico con discapacidad, la muchacha bonita que no tiene para pagar el boleto en el Terminal….y pare usted de contar….ahora los baños de los centros comerciales son una fija para encontrar a quién está por mendigar, las ferias de alimentación, las busetas de transporte público y las cabinas del subterráneo…ningún lugar está exento de su respetivo indigente, mendigo y/o damnificado.

    Lo más preocupante de la situación, es que los venezolanos hemos naturalizado el fenómeno; nadie se horroriza cuando al deambular por las avenidas, percibe un grupo de chicos durmiendo en las aceras. Tampoco hay mayores comentarios ante familias enteras en ranchos de cartón a los márgenes de las autopistas (bajo puentes oscuros y malolientes); mucha menor indignación esgrimen los “ciudadanos” cuando al cruzar por alguna de las numerosas plazas llamadas “Bolívar” encuentran heces y orinas dispuestas en las esquinas de dichos “espacios para la convivencia ciudadana”…
    La dignidad se perdió entre los venezolanos, sólo tenemos voz para quejarnos cuando somos los atropellados pero seguimos siendo incapaces de movilizarnos hacia la transformación social, al tiempo en que la gran mayoría del colectivo considera que los “náufragos” son sujetos irrecuperables que no se dejarán ayudar.

    Ahora y siempre me pregunto: Quiénes necesitan más ayuda en una sociedad que engendra males y se muestra incapaz de atender sus consecuencias: ¿el colectivo de “ciudadanos” que grita, se queja y marcha para que el gobierno le haga caso sin procurar por sí mismo una solución o respuestas? O ¿los desvalidos invisibles que ni siquiera son tomados en cuenta?

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